jueves, 10 de julio de 2008

Los sueños

Una de las revoluciones menos citadas pero más decisivas de la civilización occidental es cuando los sueños, lejos de ser turbadores escenarios del porvenir, se convierten en caóticos indicadores del pasado. La psicología moderna nos ha acostumbrado a despertar de nuestros viajes nocturnos para rastrear ansiosamente las huellas de un ayer oscuro y así, en cierto modo, vivimos nuestros sueños a la caza de aquel que explique el rumbo de nuestra existencia. Pero durante milenios los sueños eran los profetas de la conciencia que anunciaban enigmáticamente los destinos futuros. Quizá deberíamos concederles, de nuevo, este poder de modo que, dormidos, no nos adentráramos sólo en los subsuelos de la memoria sino también en las incertidumbres de nuestra tierra prometida. (El puente de fuego. pg. 78)

2 comentarios:

miguel dijo...

A menudo tenemos sueños premonitorios.
Después de tener esta clase de sueños nos despertamos desayunando en Tyffanis.
Lo malo de esa ilusión soñada llega cuando el joyero nos pasa la cuenta, y nos percatamos de que en el bolsillo no quedan monedas suficientes para pagarnos un chocolate con churros.

UTOPÍA dijo...

Abogo por que vuelvan a ser "turbadores escenarios del porvenir"!
El psicólogo sale caro y no te arregla la cabeza, tal vez cambiando de mentalidad dejemos de necesitarlos y contribuyamos a nuestras economías familiares y con lo ahorrado me voy de vacaciones!